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sábado, 15 de octubre de 2011

Dole Food Company indemniza a exbananeros de Nicaragua por uso de pesticida

MANAGUA (EFE).
La empresa estadounidense Dole Fruit Company firmó en Managua un acuerdo de indemnización con un grupo de extrabajadores bananeros nicaragüenses que la demandaron por daños a la salud debido al uso del pesticida Nemagón.

El acuerdo para poner fin a las reclamación de los antiguos trabajadores fue suscrito por el representante en Nicaragua de la multinacional, Humberto Hurtado, y los abogados Jacinto Obregón y Mark Sparks, apoderados de 3.153 obreros que sufrieron esterilidad por su exposición en las plantaciones bananeras, en la década de los setenta, al pesticida Nemagón, prohibido en el mundo diez años antes.

Las dos partes decidieron mantener en la “confidencialidad” el monto de la indemnización acordada.

Hurtado señaló en rueda de prensa que la Dole Food Company firmó el pacto como parte de su “responsabilidad social” y para terminar con una demanda que parecía “eterna”.

Sostuvo que para la empresa que representa no existen “evidencias científicas” que demuestren que los antiguos trabajadores bananeros sufriesen problemas de salud por el uso de los pesticidas.

Un total de 3.153 obreros nicaragüenses habían entablado desde hace años una demanda contra la empresa por sufrir esterilidad, alegando que había sido causada por el pesticida Nemagón o Fumazone (Di-bromo cloruro propano, DBCP), utilizado en las plantaciones.

Según la firma de abogados que los representó, la batalla legal fue “ardua” y para demostrar la veracidad de los efectos del Nemagón “se presentaron dos exámenes de esperma con sus diagnósticos por cada actor”, así como “dos valoraciones sicológicas, entre innumerables pruebas documentales y testificales”.

sábado, 13 de febrero de 2010

La diversidad biológica se reduce a la mitad con el uso de pesticidas

El uso sistemático de pesticidas reduce a la mitad la diversidad biológica en los campos de cultivo de toda Europa, según un estudio hecho público esta semana por la universidad alemana de Gotinga, que puso el acento en los beneficios de la producción orgánica.


El profesor de agricultura ecológica de Gotinga, Teja Tscharntke, subrayó que mientras un campo que es cultivado ecológicamente presenta hasta un millar de especies distintas, en uno que es fumigado con pesticidas no sobrevive mas allá de la mitad.
Tscharntke basó sus conclusiones en un amplio estudio realizado en 150 campos de cultivo de trigo en toda Europa y en países como España. Alemania, Francia, Estonia, Polonia, Irlanda, Suecia y Holanda, destacó Ecoticias.
En ese sentido, el catedrático explicó que los campos de cultivo estudiados se encontraban en regiones muy diferentes, con climas distintos, tamaños muy variados y una forma de cultivo peculiar en cada caso.
Tras comentar que el análisis tuvo como fin estudiar la biodiversidad de plantas y animales, pero sobre todo de coleópteros y aves, el experto alemán comentó que la causa principal de la pérdida de especies se debe a la aplicación de insecticidas y fungicidas.
El equipo dirigido por Tscharntke analizó la localización de los campos, el carácter del paisaje, el tipo de terreno, su cercanía a otros ‘biotopos‘ (hábitat para un organismo) y, sobre todo, la forma de cultivo y con ello el uso de maquinaria y sustancias químicas.
El profesor alemán comentó que el cultivo orgánico sin el uso de pesticidas tiene claros efectos positivos en la diversidad de plantas y animales, sobre todo insectos y, entre estos, coleópteros.
Finalmente advirtió que el uso masivo de productos químicos en la agricultura afecta igualmente de manera negativa a especies de mayor tamaño como aves y mamíferos y aconsejó a quien apueste por la biodiversidad que renuncie al uso de pesticidas.
Argentina integra los primeros países de las 120 naciones productoras del mundo que ocupan en total sólo 32 millones de hectáreas de producción orgánica.
La superficie en seguimiento bajo certificación orgánica en la Argentina, durante 2008, fue de cuatro millones de hectáreas con la ganadería a la cabeza ya que ocupa 3.6 millones de hectáreas.
Nuestro país es el cuarto productor de lanas (fibra natural) del mundo y comenzó a destacarse en la exportación de los vinos orgánicos.
En el mundo sólo 32 millones de hectáreas están dedicadas a las actividades agropecuarias orgánicas, el equivalente de toda el área cultivable argentina.
En Argentina sólo alrededor de 360 mil hectáreas se destinan a la producción vegetal sin agroquímicos.
En diciembre, la ingeniera agrónoma Ivana Colamarino opinó que los problemas medioambientales aceleraron el acercamiento de los consumidores a los alimentos producidos de forma natural y ecológica.
La producción orgánica crece y son Oceanía, Europa y América del Sur los continentes con mayores superficies orgánicas certificadas del mundo, que en total ocupan 6.5 millones de hectáreas.

Fuente: Diario Norte

martes, 16 de junio de 2009

Cada vez son más los productos prohibidos en todo el mundo por ser nocivos para el medio ambiente y la salud humana

El consumo de hortalizas frescas viene mostrando un incremento en los últimos años debido a sus cualidades benéficas para la salud y la nutrición. Sin embargo, éstas a través de inadecuadas prácticas de producción pueden ser causantes de enfermedades por su contaminación, tanto químicas (insecticidas, fungicidas, etc.) como biológica (bacterias, virus, hongos, parásitos) que normalmente se llaman ETA’s (enfermedades transmitidas por alimentos).
Según el Ing. Agr. Mariano Salerno, de la Gerencia de Calidad y Capacitación; de la Fundación Argeninta, “la contaminación de un producto hortícola puede darse desde el momento que se inicia el cultivo hasta que llega a la mesa del consumidor, siendo en la etapa de producción donde pueden introducirse la mayoría de los peligros”. El especialista señaló que “las prácticas utilizadas en la producción de hortalizas no solo pueden ser causantes de contaminación del producto sino que pueden también afectar negativamente a las personas que trabajan en las explotaciones y al medioambiente”.
Como ejemplo de esto se puede mencionar el uso de agroquímicos, que si no se aplican responsablemente utilizando los equipos de protección, pueden causar intoxicaciones al personal que lo manipula. “El uso irresponsable de agroquímicos también afecta al medio ambiente ya que, por ejemplo, al aplicar dosis mayores a las recomendadas o en condiciones de clima inadecuadas, los químicos pueden pasar al ambiente causando efectos adversos en la flora del entorno y llegando a contaminar cursos de agua”, detalló Salerno.
La falta de control en las aplicaciones de productos químicos en producciones agrícolas y hortifrutícolas es evidente y ha generado perjuicios en la salud de las comunidades donde se desarrollan estas prácticas.

Protección de los más chicos

Inés Celina González es directora de la Escuela de la Familia Agrícola “Santa Lucía” de Corrientes, donde el 28 y 29 de mayo se realizó un curso sobre Buenas Prácticas en Agricultura Familiar junto a la Fundación Argeninta, en el marco de un convenio con la Federación de Institutos Agrotécnicos Privados de la República Argentina (FEDIAP).
“En la escuela trabajamos con una mirada de producción orgánica en todas las propuestas técnicas y el tema de la utilización de agroquímicos es una de los aspectos que más nos preocupan y movilizan”, afirmó. Y explicó que “en esta zona se hace horticultura industrial, sobre todo cultivo de tomate primicia y pimientos para el mercado central, bajo cobertura plástica, con muchísima utilización de agrotóxicos de los permitidos y de los otros también”. Por ello, el tema de buenas prácticas resulta central en la propuesta de esta escuela y se aborda desde diferentes actividades.
“Si bien no está comprobado, deducimos que muchos chicos de las áreas cercanas a los cultivos hortícolas industriales han mostrado un deterioro general en la salud que se manifiesta en diversas dolencias, es una situación difícil de abordar en la escuela porque muchos de los chicos o sus padres trabajan en estos establecimientos”, comentó González.
Este escenario ha provocado que varias instituciones públicas y privadas, preocupadas por la inocuidad y la sostenibilidad de la producción, hayan comenzado a promover conceptos e instrumentar programas sobre Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) Y Buenas Prácticas de manufactura (BPM) para disminuir los riesgos asociados a las producciones hortícolas.
Las BPA pueden definirse como todas aquellas prácticas en la producción primaria tendientes a prevenir la contaminación del producto, reduciendo el impacto sobre el medio ambiente y cuidando la salud y seguridad de los trabajadores. De manera más simple y acorde a lo que define la FAO las BPA no son más que hacer las cosas bien y dar garantía de ello.
Para el mercado exportador, sobre todo con destino a la Unión Europea, se les exige a los productores que cumplan con el protocolo GlobalGap, una iniciativa privada surgida desde el sector supermercadista. “En la Argentina el sector público viene trabajando en los últimos años promoviendo la adopción de BPA. Es así, por ejemplo, que a través de la Secretaría de Agricultura Ganadería, Pesca y Alimentos se está trabajando para que estas normas sean obligatorias a partir del 2010 en las producciones hortícolas de todo el país. Las mismas se incorporarán al Código Alimentario Argentino en forma de 14 principios básicos, según se estableció en el Acta 78 de la Comisión Nacional de Alimentos (CONAL)”, anticipó Salerno.


lunes, 9 de febrero de 2009

Pesticidas y alimentos: Nuevas condiciones comunitarias restringen el uso de pesticidas en la agricultura para reducir su impacto en la seguridad alimentaria

Por NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ

Imagen: Lynne Lancaster -
Los consumidores exigen cada vez más alimentos seguros, nutritivos, fáciles de almacenar, de preparar y disponibles durante todo el año y, además, a precios económicos. El grupo compuesto por frutas, verduras y hortalizas cada vez es más consumido, y su producción está asociada en la mayoría de los casos a procedimientos en los que está implicado el uso de pesticidas. Conocer y limitar los tratamientos que reciben y, a la vez, saber por qué se aplican, constituye una de las necesidades básicas. De ahí que la Unión Europea se haya movilizado en los últimos días para garantizar que su uso se hace con el menor impacto para la salud de los consumidores.

El término pesticida hace referencia a una amplia gama de productos químicos para la protección de los cultivos. Entre ellos destacan los insecticidas, que se usan para controlar a los insectos; los rodenticidas, cuya labor es vigilar a los roedores; los herbicidas, utilizados para eliminar malezas y, por último, los fungicidas, cuyo objetivo es acabar con los hongos y el moho. En la agricultura, los herbicidas son los productos químicos que más se usan. Un mal uso puede representar un gran riesgo para los consumidores, razón por la que se recomienda limitar la exposición a los alimentos o decantarse por el uso de alternativas menos peligrosas.

Aunque los pesticidas poseen importantes virtudes que hacen que su uso también sea necesario, la nueva normativa impuesta por la UE retirará del mercado las sustancias que se consideren "muy peligrosas", entre ellas las que se aplican a naranjas, limones, aceite de oliva u hortalizas, productos básicos de la dieta mediterránea.

Según la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja) de Andalucía, los agricultores españoles ya han dado la voz de alarma y afirman que con estas medidas pueden sufrir pérdidas del 80% en sus cosechas. De acuerdo con el estudio previo de la Agencia Química Sueca, se prohibirán un total de 22 productos químicos. Sin embargo, desde la Unión de Pequeños Agricultores (UPA) aseguran que el sector aún no sabe cuántas sustancias "van a estar afectadas".

¿Son tan malos?

Algunos de los pesticidas que se utilizan son productos químicos naturales, como el azufre. Además, ciertas plantas también producen niveles bajos de pesticidas naturales que les sirven para autoprotegerse contra los insectos u otras invasiones. Los agricultores usan productos químicos naturales y sintéticos según las necesidades que requieran para controlar las malezas, los insectos o las enfermedades. El uso de productos químicos representa un coste significativo de la producción agrícola y, por lo tanto, los agricultores tienen un incentivo para aplicar menos cantidad de pesticidas y hacerlo de forma más planificada. Cabe pensar que no los usan a menos que sepan que obtendrán beneficios en el producto, entre ellos, la calidad y seguridad.

Los pesticidas permiten producir con éxito algunos cultivos en áreas que sin su uso no sería posible cultivar. También son los responsables de extender el período de desarrollo de las plantas de manera que se aprovecha más eficazmente su rendimiento. Ayudan a incrementar la producción de materia prima, mantienen su calidad y, a la vez, el período de almacenamiento. Como en todo, el problema viene dado por su uso excesivo e incorrecto. Partiendo de la base de que son productos químicos y, científicamente probado, tóxicos, vale la pena hacer una reflexión porque también son necesarios para obtener unos alimentos de calidad y seguros.

Posicionarse ante los pesticidas no es fácil. El uso de productos químicos y su relación con la seguridad alimentaria continúa siendo una cuestión compleja. Las autoridades europeas intentan plantear las mejores soluciones para todas las partes implicadas, pero en muchas ocasiones la solución no satisface los intereses de todos. Por una parte, cada vez hay más consenso en la comunidad científica sobre el hecho de que pequeñas dosis de pesticidas y otros productos químicos pueden afectar negativamente al consumidor.